La Tetera
- Nite by Gladys Guerrero

- 5 may 2020
- 3 min de lectura
Ya el té no sabe igual. Atrévete a mirar las cosas y quienes te rodean, enfócate por un momento, en aquello a lo cual le restas importancia ... solo así sabrás lo que valen, sin necesidad de sufrir por perderlo.
Un refrán popular dice “Nadie sabe lo que tiene, hasta que lo pierde”. Cuanto duele el haber perdido una oportunidad, un buen trabajo, o alguien cercano. Ese vacío que revolotea el estómago, sí, ese, es la sensación de perdida. Solo lo sentimos cuando nos damos cuenta de que era algo o alguien valioso.
Acostumbraba a tomar el té antes de dormir. Una noche mientras estába con mi esposo de vacaciones en Punta Cana, acudimos a una linda cafetería del hotel Riu donde nos hospedamos. La cafetería tenía una decoración elegante, con pisos brillantes, y servían postres y bebidas. Así que pedimos el té a unas empleadas muy atentas y cordiales.

En el país donde vivo la vida es muy acelerada, hacer el té cada noche era como prender la luz, un ejercicio habitual y que daba por sentado. Mi hábito se resumía en; taza, agua calentada en microondas, té verde y listo. Y tú te preguntarás ¿Y cuál es el problema con el té? ¿A dónde quieres llegar?
Te cuento que esta vez algo pasó, la sensación de tomar el té era diferente, por primera vez disfrutaba cada sorbo. Me sentía como en las películas de época, donde mujeres se reunían al aire libre y disfrutaban lentamente del té, mientras contaban anécdotas. Y es que sentí que la vida se puso en cámara lenta. Tomé conciencia del aquí y el ahora. Esta vez tomar el té se convirtió en conversaciones, risas, relajamiento y agradecimiento por la vida. Entendí el valor de la tetera.
Y es que 10 años atrás, me habían regalado una tetera, y la guardé porque la consideraba un objeto de decoración. El día que llegué de las vacaciones a casa, lo primero que busqué fue mi tetera, esa que llevo usando desde entonces. Una noche, al pasar por la cocina, recordé que aquella tetera me la había regalado una persona que me cuidaba cuando niña, una que ya murió. Miré la tetera y pensé, ¿cuántas cosas tenemos, que no le damos el valor para lo que fueron creadas? ¿Será que tenemos que perder, para darnos cuenta lo que valen las cosas o las personas? ¡No! No es así. De hecho, yo me di cuenta el valor de mi tetera, porque alguien me enseño lo que valía. Aquella joven que me sirvió él te, en aquel hotel.
Haz este ejercicio, mira a tu alrededor y pregúntate... ¿A qué cosas no le doy importancia? ¿Quiénes están a mi lado, pero no les demuestro lo que significan para mí? En la vida hay muchas cosas que son como esa tetera, la tenemos desde hace mucho tiempo, la usamos de “decoración”, pero no entendemos el valor. Creemos que no la necesitamos en nuestra vida, hasta que vemos que otros si la valoran.
Vamos al trabajo porque hay que trabajar, celebramos porque hay que celebrar, saludamos porque hay que saludar, pero, esas cosas o gestos ¿qué valor tienen en sí mismos? Y claro, yo podría vivir sin la tetera. Pero el conocer su uso y su valor, cambió mi perspectiva sobre el té, cambio el sabor, lo convirtió en un rito que me aporta conversaciones gratas, estrechas relaciones, y un espacio para respirar. Ya el té no sabe igual. Atrévete a mirar a las cosas y quienes te rodean, enfócate por un momento, en aquello a lo cual le restas importancia y date la oportunidad de usar o compartir de una nueva manera eso. Solo así sabrás lo que valen, sin necesidad de sufrir por perderlo.
¡Anda! Vé y busca tu tetera.



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